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20 de marzo de 2012

Yo también 2

Yo también juego a desmontar los bolis y siempre pierdo el muelle.
Yo también soy de los que van a IKEA solo a por los lápices.
Yo también he intentado mover las cosas con la mirada.
Yo también he tenido un pájaro que se llamaba Piolín.
Yo también he lanzado un papel a la papelera de clase y no he encestado.
Yo también creí que él era especial.
Yo también he pintado en los libros.
Yo también me he chocado contra una puerta de cristal.
Yo también he pintado en las mesas del colegio.
Yo también me llevo a casa los jabones de los hoteles.
Yo también me ilusiono cuando me toca un palito en las pipas.
Yo tambien soy incapaz de verter el líquido de una taza a otra sin derramar nada.
Yo también he probado a beber agua del mar y no lo he vuelto a hacer.
Yo también he hecho "surf" en él autobús.
Yo también pongo caras delante del espejo.
Yo también probé a taparme y destaparme los oídos muy rápido y descubrí que se oía entrecortado.
Yo también pienso que tienen que poner el tapón de las botellas más suelto.
Yo también he pegado los mocos debajo de la mesa del cole.
Yo también he pintado bigote y gafas a las personas que salen en las revistas.
Tú también.

6 de marzo de 2012

Montaña rusa

Esto lo he escrito para animar a una amiga, que últimamente está un poco mal.

La vida es como una montaña rusa. Hay momentos de euforia, en los que estás viendo que subes, llegas a lo más alto y gritas, sonríes y miras al cielo pretendiendo alcanzarlo.
Pero toda subida conlleva una bajada. Uno desenfrenado y precipitado descenso en el que crees que te vas a estampar contra el asfalto. Pero no es así, tienes frenos con los que amortiguar la caída. Tienes fuerza, tienes voluntad, tienes esperanzas, me tienes a mí.
La bajada puede que sea dura, que sea doloroso el golpe final, pero después de la bajada llega la calma. El vagón nunca se salió de su carril, nada se te ha ido de las manos, porque tú puedes con todo.
Puede que tengas heridas, rasguños, moratones, rasponazos. Pero aún te quedan fuerzas, con las que conseguirás sanar tus heridas, para reconstruir tu piel sobre una nueva realidad.
Puede que las montañas rusas, al igual que la vida, sean emocionantes, que a veces den miedo, que a veces te parezca que te vas a matar, que a veces te creas la reina del mundo. Pero recuerda, tienes frenos, úsalos.
Siempre estaré ahí, para que no te estrelles, para aconsejarte, para animarte, para que seas feliz.