La vida es como una montaña rusa. Hay momentos de euforia, en los que estás viendo que subes, llegas a lo más alto y gritas, sonríes y miras al cielo pretendiendo alcanzarlo.
Pero toda subida conlleva una bajada. Uno desenfrenado y precipitado descenso en el que crees que te vas a estampar contra el asfalto. Pero no es así, tienes frenos con los que amortiguar la caída. Tienes fuerza, tienes voluntad, tienes esperanzas, me tienes a mí.
La bajada puede que sea dura, que sea doloroso el golpe final, pero después de la bajada llega la calma. El vagón nunca se salió de su carril, nada se te ha ido de las manos, porque tú puedes con todo.
Puede que tengas heridas, rasguños, moratones, rasponazos. Pero aún te quedan fuerzas, con las que conseguirás sanar tus heridas, para reconstruir tu piel sobre una nueva realidad.
Puede que las montañas rusas, al igual que la vida, sean emocionantes, que a veces den miedo, que a veces te parezca que te vas a matar, que a veces te creas la reina del mundo. Pero recuerda, tienes frenos, úsalos.
Siempre estaré ahí, para que no te estrelles, para aconsejarte, para animarte, para que seas feliz.



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